De paso por la ciudad el argentino León Gieco escribió esta sencilla canción, tal vez una de las pocas referencias musicales al término bogotano ‘gamín’ , de uso común en la ciudad y origen francés. Montserrat, es una variación del bastante más común Monserrate.
El nombre original es de procedencia catalán y significa “nombre en forma de sierra”.
"Los chinos bogotanos
Revienta en los aires un férvido grito: —¡El Tiempo y Especia! ¿Le embolo, mesito? Y en calles y plazas, vibrante y risueño, el chino sonoro la mirla sin dueño — de pronto aparece saltando veloz. Calzones de manta que el suelo le alisa, la vida en los ojos y el alma en la voz. ¿Su padre? No tiene. ¿Su madre? Lo ignora... Nó, no es la viejita que tose y que llora en rancho que guarda la hostil soledad: de aquellos gamines las rudas legiones nacieron, lo mismo que los copetones, del alma doliente de nuestra ciudad... Y el grito se eleva férvido y fuerte: ¡Es la última, mesio! ¿No compra la suerte? ¡La suerte!... Con ellos qué dura y sombría... ya busca la lata, dejando el portón. ¡El Tiempo! ¿Le embolo?... No saben —arcanos que llevan la patria vibrando en las manos y toda una raza prendida al cajón. ¡Y qué! ¡Son felices! Amable y chirriada por ellos tan sólo se tarda la criada que empieza a abrasarse por fiebre sin fin. El cuarto vestido con rotas postales, mejillas lo mismo que vivos corales... Después... que los mesios le compren carmín... Y saltan los chinos lo mismo que gnomos: – ¡El Gráfico y Mundo! ¡Revista de Cromos! "
Bayona Posada, Nicolás. El alma de Bogotá. Bogotá: Villegas Editores, 1988.
Descargue esta canción en formato mp3
El nombre original es de procedencia catalán y significa “nombre en forma de sierra”.
"Los chinos bogotanos
Revienta en los aires un férvido grito: —¡El Tiempo y Especia! ¿Le embolo, mesito? Y en calles y plazas, vibrante y risueño, el chino sonoro la mirla sin dueño — de pronto aparece saltando veloz. Calzones de manta que el suelo le alisa, la vida en los ojos y el alma en la voz. ¿Su padre? No tiene. ¿Su madre? Lo ignora... Nó, no es la viejita que tose y que llora en rancho que guarda la hostil soledad: de aquellos gamines las rudas legiones nacieron, lo mismo que los copetones, del alma doliente de nuestra ciudad... Y el grito se eleva férvido y fuerte: ¡Es la última, mesio! ¿No compra la suerte? ¡La suerte!... Con ellos qué dura y sombría... ya busca la lata, dejando el portón. ¡El Tiempo! ¿Le embolo?... No saben —arcanos que llevan la patria vibrando en las manos y toda una raza prendida al cajón. ¡Y qué! ¡Son felices! Amable y chirriada por ellos tan sólo se tarda la criada que empieza a abrasarse por fiebre sin fin. El cuarto vestido con rotas postales, mejillas lo mismo que vivos corales... Después... que los mesios le compren carmín... Y saltan los chinos lo mismo que gnomos: – ¡El Gráfico y Mundo! ¡Revista de Cromos! "
Bayona Posada, Nicolás. El alma de Bogotá. Bogotá: Villegas Editores, 1988.
Descargue esta canción en formato mp3